9.8 Recepción de los embajadores por el shah Abbas (Parte 1)

(abril de 1619)


Llegóse el dia en que auian los Enbaxadores de entrar en Spahan, auiendo el de antes enbiado el rey siete cauallos al Enbaxador de Su Magestad Católica, cubiertos con mantas de mileques de oro y grandes penachos en las testeras, prometiendo con esta soberuía aparencia mucho más de lo que ellos eran, siendo, después de desconpuestos, muy ordinarios rrocines.
Enbió entonces el rey á dezir al Enbaxador que holgaria que saliese con él á ver la entrada, porque auia de ponerse cerca de un jardín junto al camino por donde se auia de entrar en la ciudad por la puerta de Caxen, y que tanbien gustaría de que todos sus criados saliesen á cauallo de la manera que muchos dellos solían andar en Casbin, y dezia esto ansí porque sigun se acostunbra en España y otras partes de Europa, los lacayos y pages aconpañauan al Enbaxador á pie.
Luego, por la mañana vino el aposentador mayor con algunos persianos á cauallo para guiar y aconpañar al Enbaxador, dizíendole que se pusiese á priesa á cauallo porque el rey le aguardaua ya en una trauiesa de una calle, allí cerca, por no enbarazarse con la mucha gente que salía por las calles principales por donde se salía á la dicha puerta de Caxen. Salió el Enbaxador con una gran tropa de criados á cauallo, porque demás de los que solían aconpañarle iuan tanbien algunos officiales de su casa, y los portugueses, con los demás francos que entonces se hallaron en Spahan, fuera los ingleses, los quales aunque el rey auia ordenado que salieran ansimesmo en esta comítiua, y asi se lo auia enbíado á dezir al Enbaxador, después, ó por querer ellos mostrar forma de enbaxada, teniendo en aquella sazón una carta de su rey para darla al de Persia, ó por parecerle al mesmo rey que era mayor autoridad y rreputacion suya que se hiziese la tal demostracion, salieron de por sí con Tota Bey, deroga que auia sido el año antes de Spahan.

Era grande el número de gente de toda suerte la que salia fuera y ocupaua todas las calles y bazares que auia desde el Maydan y casas del rey hasta fuera de la puerta que se a nonbrado, por donde se va á Caxen y Casbin, mayormente de la mucha soldadesca armada que para este rrecibimiento estaua apercibida, la qual para mayor ostentación se auia puesto en orden de la una y otra parte del camino, desde la aldea Dolatabat, tres leguas de Spahan, hasta el Maidan y puerta de la casa del rey. Y ansi no se podía rronper por la mucha gente que en las calles auia, aunque la iuan apartando á palos algunos de los que con el Maymandar auian venido. Venian por momentos honbres corriendo á cauallo, diziendo al Enbaxador como el rey caminaua adelante y que mandaua se apresurase hasta alcanzarle; pero como él fuese corriendo, sigun su costumbre, y doblando diferentes trauiesas, no pudo ser hallado, ó fuese esto acaso, como es mas verisimil, ó hecho de industria como imaginaron algunos.
Salió el Enbaxador de la ciudad por la puerta susodicha, hallando todo aquel espacio fuera della lleno de gente de á pie y á cauallo, comenzando ya á venir mucha de la comitiva de los enbaxadores que se aguardauan, pero toda muy desluzida y del todo diferente de lo que se auia publicado, mayormente auiendo encarescido antes la mucha grandeza con que venia el enbaxador de Laor. En ninguna destas partes como no pareciese el rey, auiendose ya llegado á una mezquita adonde el Enbaxador posó saliendo de esta ciudad para Casbin, se boluio desde allí el Enbaxador á su posada, muy enfadado con el Maymandar, diziendole que ¿á qué fin le traía engañado, por el sol?, que entonces era muy rriguroso.
Pero aunque él se desculpase afirmando que el rey le aguardaua, sino que con la mucha gente se auian errado en las calles, el Enbaxador se boluio á su posada, y muy fatigado del gran calor y mucho poluo se comenzó á desnudar, hasta que con mucha priesa vinieron algunos criados suyos corriendo á cauallo, de los que auian pasado mas adelante, viniendo tanbien con ellos un criado del rey, diziendo como le auian topado, que le aguardava cerca de una huerta adonde auia mandado lleuar de almorzar, enbiandole á dezir que pues se auia buelto por no auerle hallado, que le pedia que en todo caso se fuese luego á palacio, adonde auian llegado los enbaxadores, nueuos huespedes, porque luego venia.
Llegaron en muy poco espacio otros y otros corriendo con grande alboroto, y entre ellos el Maymandar sudando y congoxado, pidiéndole con grande instancia lo mesmo, porque el rey le auia querido mandar dar de palos por no auer guiado bien aquella mañana; de manera que boluiendose á vestir el Enbaxador y puestose á cauallo con mucha priesa caminaron á palacio,hallando todo el Maydan lleno do soldados á pie con sus cimitarras y arcabuzes.

Y entrando por la puerta principal del primer quarto en forma de torre de que ya se a hecho mencion, se salió por él á la huerta y por una calle lastrizada de marmor se pasó por otro quarto á donde se hallaron muchos porteros, cuyo aga ó cabeza dellos era Assenbec, el corchi que auia venido por guia del Enbaxador, de Casbin á Spahan. Halláronse alli por orden del rey, Daurcham, ermano de Emancolichan, señor de Xiras, y Zaracoja, uno de los secretarios de Estado, que entonces andaua muy valido, los quales dixeron que aguardase un poco, y luego salió Tamur, el mas confidente de los porteros interiores, que lo introduxo, diziendole al Enbaxador que diese lugar para que entrasen los frayles que con el auian venido, que eran fray Juan Thadeo y fray Juan Leandro, carmelitas descalzos, y fray Diego de la Resurrecion, prior del convento de Spahan, y fray Bernardo de Azeuedo, agustinos, de los quales el Maymandar no consintió entrar mas de dos, que fueron fray Juan y fray Bernardo, que el Enbaxador señaló.
Salieron de alli por otra calle de muy fino jaspe y marmor blanco, siendo ya aqui la huerta fresquissima, amena y con notable opacidad con la grande espesura y frondosa verdura de los arboles, que ninguno dellos parescia frutifero, mas de solo para hazer sonbra, y ansi los rrayos del sol casi en ninguna parte tocauan en el suelo. Por los lados de la calle iuan á trechos pilares quadrados, del mesmo jaspe y marmor, con lauores de oro por ellos, los quales sustentauan el techo, que era una rred de madera cubierta de muchos jazmines y otras flores, siendo esta la cosa mas apazible y hermosa que se vio en Spahan, mayormente siendo entonces en tienpo de tanto calor. Por medio de la calle, que tendría veinte y cinco pies de ancho, corria un canalete de medio pie de ancho y hondo, con bastante agua, por el que trasvertía y tenia regada la calle y después henchía algunas pequeñas fuentes que á trechos auia en ella, hasta llegar á otro quarto en que estauan y aguardauan los demás enbaxadores.
Era este edificio en forma quadrada, de treinta hasta quarenta pasos de largo y ancho y poco mas de tres estados de alto, con el suelo superior de la manera que las demás fábricas, con varandas á todas partes y ventanas con muy espesas gelosías. Por de fuera era de cal y ladrillo, y se entraua á él desde la calle lastrizada de marmor que se a dicho, por una grada ó escalón del mesmo marmor, de que tanbien parecia ser losado el aposento ó hueco de toda la dicha fabrica, que era un cruzero de boueda, de braza y media de alto, en cuyo centro se leuantaua una cúpula una braza mas alta que lo demás, con quatro aposentillos que henchían los vazios del mesmo cruzero y perfeccionauan todo el quadro exterior, como se vio en los caravasares desde Lara al Bandel. Todo el dicho cruzero era stucado y dorado, con tablas de jaspe de medio estado de alto, al derredor, junto al pauimento, que todo estaua cubierto de alhonbras, fuera lo que era en su centro debaxo de la cúpula, en que auia una fuente del inesmo jaspe que langaua al agua muy alta por una bola de metal dorada. Frontero de la puerta por donde se entraua, que era la cabeza del crucero, auia otra que salia á la mesma huerta, delante de la qual era el lugar diputado para quando el rey viniese, no auiendo otro ornato mas de la mesma alhonbra, como en el rresto del cruzero ó quadra adonde los demás auian de estar y estauan entonces. Desde la fuente ó centro que se a dicho, hasta aqui, no dexando mas lugar por las dos vandas de quanto cómodamente pudieran sentarse los que le ocupasen, estaua todo cubierto de vasos de oro, en que demás de grandissimas fuentes de lo mesmo, con mucha variedad de frutas de azucar, auia gran cantidad de garrafas y tazas de muchas suertes, y en medio una fábrica de oro de la hechura de un gran brasero en quadro, de tres hasta quatro pies de diámetro, de lo baxo del qual subían tres ó quatro gradas en altura de quatro ó cinco pies, disminuyéndose estas gradas desde lo baxo á lo alto; auia otras muchas garrafas y tazas menores, engastadas en ellas muchas piedras que á lo que parecian eran rrubies, chafiros y esmeraldas y algunas grandes perlas, y diamante ninguno, por no tenerlos los persianos en vso, ni estimarlos.

Luego como entró el Enbaxador de Su Magestad Catholica, aunque entre los asíanos no se acostunbra la tal cerimonia, se leuantaron, sin moverse de su lugar, y le hizieron quando llegó cerca dellos la cortesía ordinaria, que es poner las manos en los pechos y baxar la cabeza, pero esto con mayor demostración y sigun la que hazen á sus reyes. El Enbaxador, después de auerse quitado el sonbrero y hecholes reuerencia como se vsa en Europa, se fue á sentar á donde Zaracoja y Tamur le señalaron, que fue á la vanda de la mano derecha, adelante de la fuente y cerca de la cabeza ó testero del cruzero adonde estaua la puerta y asiento para el rey, como se a dicho, hallando mas cerca de la dicha puerta á Mahamet, Chaus del Turco, que con los demás enbaxadores auia entrado aquel dia. Luego como el Enbaxador de su Magestad se sentó, no pudiendo menos que con las piernas y pies tendidos hazia delante, se sentó también Caracoja, quedándole este á la mano izquierda y el Chaus á la derecha, y mas abaxo de la parte de Caracoja, el enbaxador de Moscouia, quedando entre estos dos los frailes que entraron con él.
Frontero, en el otro lado del cruzero, que conforme á la entrada era á la mano izquierda, estaua mas cerca del lugar del rey el Enbaxador de Laor, y luego el de los usbeques, y cerca del el de los tártaros precopenses, vezinos de los polacos y moscovitas.
Pero quien mostraua mayor presunción y compostura, aunque de mucho menos aparencia, era un árabe ermano del Calipha de Mecha, muy moreno y enxuto, que sucedia luego abaxo del tártaro, el qual árabe auia llegado en aquella sazón, aunque suni y que no conformaua en lo tocante á su rreligion con el rey, á visitalle con particular enbaxada de parte de su hermano, como principal señor en lo spiritual y tenporal de toda Arabia. Tenia este vestida una muy ancha y larga rropa, cercada por delante de barracan ó sarga negra, como los abitos de los frayles benitos, con las mangas tan anchas de la boca que casi le llegauan al suelo, y en la cabeza tres ó quatro bueltas de toca blanca, que tanbien le daua otra buelta por debaxo de la barua, colgándole después desde arriba un canto della y le caía sobre el pecho.
El Chaus era un muy venerable viejo con una larga barua que llegaua casi á la cinta, y vestida una aijuba de terciopelo carmesi y encima una rropa con mangas largas de terciopelo morado, la una y la otra sin guarnicion alguna, y en la cabeza un muy gran turbante blanco, el qual, como llegó el Enbaxador de Su Magestad vsó de muchos comedimientos con él, y esto por muy cortés y discreto término, diziendole la mucha comunicación que auia tenido con los francos en Hungria, Polonia y Alemania, adonde muchas vezes auia ido con legacias y mandatos particulares de su rey, y que auiendo en las dichas partes visto y comunicado con todas las naciones de Europa, tanbien como en Constantinopla, adonde auia enbaxadores de todos los reyes della, no auia hasta entonces visto españoles, con tener tanta fama en el mundo, pero que daua gracias á Dios de auer aquel dia visto un honbre tan principal y enbaxador de un tan gran rey como el de España. El Enbaxador le rrespondio lo mas cortesmente que pudo, aunque en menos palabras, no queriendo dar sospecha á los que de cerca lo oían, como Zaracoja y Tamur, pareciendo cosa muy verisimil auerse el primero sentado tan cerca para oír lo que se hablase, siendo el rey sumamente sospechoso de qualquiera cosa semejante á esta.
El Enbaxador de Laor, aunque mas cortamente, como menos pratico, vsó tanbien de palabras muy corteses, desde donde estaua, el qual en el color y trage era propio indio. Tenia vestida una cabaya de un paño blanco muy fino, como canbray, y en la cabeza un turbante muy pequeño, como se vsa en el Cinde ó reyno de Canbaya, ceñido otro paño delgado con listas de oro, en que tenia un puñal con la guarnición de piedras, y zargillos de perlas en las orejas. Era honbre de mediana dispusicion, mas grueso que delgado, y al parecer de sesenta años, tio del mesmo rey de Laor, ermano del Aquebar Xelaladin, su padre, y tan poderoso y rrico que afirmauan los mercaderes indianos que en Spahan rresidian que tenia mas de un millón de rrenta annual.
El enbaxador del rey de Balcha y Bucara, que es de los usbeques, de gesto chato, como tártaro, y de cierta blancura teñida que tiraua á amarillo, ojos y narizes pequeños, y en el trage con poca ó ninguna diferencia de los persianos, con el turbante algo menor, pero el muy bien dispuesto, alegre y bien hablado.
El precopense, casi del mesmo gesto y trage, mas de que en lugar de turbante traia en la cabeza un bonete piramidal, aunque no muy alto, forrado en pieles, y ninguno de estos barbaros traia cimitarra, por no ser costunbre entrar con ella en partes semejantes, ó por les inpedir á estar sentados, sino puñales pequeños como los que comumente se vsan en Persia.
El enbaxador de Moscouia, con otro colega que venia con el, eran honbres altos, blancos y gordos y de grandes vientres, con rrostros carnudos y anchos, mostrando bien en la rrusticidad dellos, con el silencio suyo, una góthica y barbara fiereza. Vestian unos grandes rropones de paño de color como de buriel, forrados en terciopelo pardo; los cabecones leuantados y bordados de perlas, y en las cabezas unos grandissimos bonetes de zebellinas, de casi dos palmos de alto y muy anchos igualmente de arriba y abaxo y por encima llanos, los quales parecian mucho mayores por ser el pelo de las zebellinas muy largo, aunque entonces de muy mal color, del mucho poluo que auian cobrado en la entrada aquel dia. Parecian propiamente estos desmesurados bonetes de tan prodigiosa grandeza, á unas medidas de corcho de que vsan los labradores de Estremadura para medir trigo, que es la quarta parte de una hanega y por esto le llaman quartillas comunmente.
Los dos frayles que entraron con el Enbaxador de España quedaron, como se a dicho, entre Zaracoja y los enbaxadores moscovitas.

En esto, repentinamente y sin ninguna cerimonia entró el rey por aquella puerta cercana que sale á la huerta, quedando fuera della dos pages, ya honbres, aunque desbarvados, que el uno le tenia el arco y aljaua de flechas, y el otro una escopeta larga.
Venia muy alegre y luego llamó al Enbaxador de España y le hizo sentar junto á si, á su mano izquierda, en la cabeza ó testero del cruzero, y de la otra parte derecha,fuera de la frente ó testero, al Enbaxador de Laor, mandando que el Chaus del Turco, que auia quedado abaxo del Enbaxador de España, se mudase á la vanda derecha entre los Enbaxadores de Laor y de Balcha, ó de los usbeques, y que los frayles quedasen entre el Enbaxador de España y [el de] Moscovia. Y porque vio que el de España estaua descómodamente asentado, no pudiendo rrecoger las piernas, enbio con mucha priesa por una silleta baxa, que luego vino alli, la qual era de palo dorado como las que vsan en Ormuz y la India las mugeres portuguesas, y hizo que el dicho enbaxador se sentase en ella, diziendole que ,¿por qué no auia querido almorzar con él aquella mañana?; á lo qual le rrespondio el Enbaxador que la mucha gente y el no auelle guiado bien auian tenido la culpa de no rrecibir entonces tan gran merced; pero que de presente se la auia Su Alteza acrecentado con mucho mayores fauores, los quales estimaría en mas si mandase se hallasen alli con los demás frayles el prior de San Agustín y fray Leandro, compañero de fray Juan Thadeo, á los quales mandó el rey luego á Qaracoja, que desde que llegó el rey andaua en pie ministrando, que los metiese dentro, los quales, auiendo sentido el quedarse fuera, vinieron y por orden del rey se sentaron con los demás que antes auian entrado. Mandó tanbien el rey que viniesen alli los gentiles honbres del Enbaxador y que se sentasen en la parte ó brazo izquierdo del cruzero, y frontero los ingleses, que por tener una carta que dar de su rey hazian tanbien cuerpo y forma de enbaxadores.

Auia traido de España fray Bernardo de Azeuedo una carta de su Magestad Catholica para el rey de Persia, la qual era de creencia, fuera de los cumplimientos ordinarios, rrefiriendose en ella á lo que su Enbaxador le dixese, auiendo él rrecibido otra carta en que se contenia lo que con el rey auia de tratar, que era lo que Don Roberto auia propuesto en España, hecha esta diligencia con el mesmo rey en Casbin, por el Enbaxador, y después, como ya se a dicho, por carta suya, fray Melchior de los Angeles en Farabat.
Y aunque al Enbaxador le parecia cosa inútil boluer á hazer instancia sobre la tal materia con el rey, no siendo la carta de Su Magestad, en lo que della se podia colegir leyendose, mas de visita y cunplimientos de amistad, rreseruando el Enbaxador lo que tenia por comisión para tratarlo en mas conmodo tienpo y lugar que aquel, y auiendo ya auisado al rey como tenia aquella carta que dalle y orden suya para que se la diese alli, la pidió á fray Bernardo, y con la saiua y rreuerencia la dio al rey en su mano, el qual, mostrándose muv contentó dixo á todos los enbaxadores como aquella carta era del rey de España, su hermano, y luego la dio á fray Juan Thadeo para que á clausulas la fuese leyendo, interpretándola, como quien sabia la lengua, en persiano, y en la mesma el rey la pronunciaua en boz muy alta, de manera que todos los que alli estauan podían oírla.
Y luego, boluíendose al mesmo Enbaxador de Su Magestad le prometió de darle audiencia muy de espacio, ansí sobre lo que aquella carta se rreferia, como en todo lo demás que quisiese dezirle.

(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo V, pp. 366 – 377)

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